Es el año 1984. Bill Bennet había vuelto a llamar. Por octava vez, el Torneo de Campeones se celebraba en Las Vegas, EEUU. Todos los pilotos de renombre se apresuraron a acudir allí. Por supuesto, todos habían traído consigo un nuevo avión preparado para la competición.
Full content is available to paid subscribers only.
Support independent journalism by subscribing today.

























